Hermógenes Pérez de Arce Sept. 1999

Desde hace cerca de veinte años Hermógenes Pérez de Arce mantiene una columna semanal firmada en el diario "El Mercurio". Con un estilo muy personal, argumenta con originalidad y franqueza, recordando al hacerlo situaciones y hechos que el común de los chilenos suele haber olvidado. Desde el arresto en Londres del ex Presidente Augusto Pinochet, este periodista, abogado postitulado en Economía y profesor universitario ha concentrado su interés en el caso, con una línea, como es su costumbre, muy definida. Profundamente motivado por el tema y convencido de que se trata de un asunto más político que judicial, ha trabajado con enjundia para reunir antecedentes en ambos aspectos, convencido de que, en el primero, se ha alterado la verdad histórica; y en el segundo se ha faltado gravemente a los cánones básicos de la juridicidad, al someterse al actual senador chileno a un "indebido proceso", que, precisamente, le ha servido para titular esta obra.

De izquierda a derecha, saludando al Presidente Augusto Pinochet en Santiago, Chile, circa 1984: ArturoFontaine, abogado y periodista, es Director de El Mercurio; Hermógenes Pérez de Arce, abogado y editorialista de El Mercurio, su cónyuge, María Soledad, y Joaquín Villarino, Editor de ElMercurio

De izquierda a derecha, saludando al Presidente Augusto Pinochet en Santiago, Chile, circa 1984: Arturo Fontaine, abogado y periodista, ex Director de El Mercurio; Hermógenes Pérez de Arce, abogado y editorialista de El Mercurio, su cónyuge, María Soledad, y Joaquín Villarino, Editor de El Mercurio.



Europa vs. Pinochet: Indebido Proceso

por Hermógenes Pérez de Arce

Tapa del libro

Espero que compre este libro y aprenda sobre por qué Pinochet se enfrenta ahora una gran injusticia.

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E N L A C E S
S O P O R T A N D O S:
Vínculos de artículos en la página web de José Piñera

Una entrevista en diciembre de 1998 de Qué Pasa con Hermógenes sobre las circunstancias en Londres y su libro sobre Pinochet Artículo en la revista Liberty de febrero de 1999 por John Cobin y Karen Araujo Artículo en la revista The New American por William Jasper en octubre de 1999 1999 libro de Paul Craig Roberts y Karen Araujo


Batalla causada por la Unidad Popular de Allende en 1971Allende con su escopetero en 1972

Marxismo y Violencia en Chile (1970¾73)

De izq. a der.: Foto 1: Izquierdistas con cadenas atacan “Marcha de las cacerolas vacías” (1972). Foto 2: Allende y su Director de Policía se entrenan con AK 47 ruso, regalado al primero por Fidel Castro.



Le presento algunos detalles y texto del libro de 162 páginas

Índice


Sobre el autor

Reconocimientos

Prólogo

I. El Contexto Histórico

II. Decisión Militar

III. Existencia de Amenaza Armada

IV. La Acusación de Genocidio

V. Bajas de la Confrontación

VI. Excesos de la DINA

VII. El Drama de los Desaparecidos

VIII. El Tema de la Tortura

IX. La Acusación de Terrorismo

X. La “Operación Cóndor”

XI. La Ley de Amnistía


Epílogo


Los buses sobrecargado se resultaron de los efectos del comunismo de Allende 1972Allende en las minas complicadas en 1973

Escasez y Odio (1970¾73)

De izq. a der.: Foto 1: Locomoción insuficiente. Foto 2: Agricultor herido por extremistas que quisieron ocupar su tierra.



Prólogo

El procedimiento abierto en Madrid a requerimiento del abogado español Joan Garcés, ex asesor de Salvador Allende, ante el juez de instrucción y ex diputado socialista de igual nacionalidad, Baltasar Garzón, contra el ex Presidente chileno Augusto Pinochet, se aparta de todas las normas del debido proceso.


Si el acusado hubiera sido un particular cualquiera en un país medianamente civilizado, un recurso de hábeas corpus en su favor habría sido rápidamente acogido y él habría obtenido su inmediata libertad.


Pero la izquierda europea ha logrado privar a Augusto Pinochet hasta del derecho básico, garantizado ya hacía casi ochocientos años por la Magna Carta, de no ser ilegalmente arrestado.


Durante seis días se le mantuvo en Londres privado de libertad en virtud de un requerimiento español que no reunía siquiera los mínimos requisitos legales. Estos fueron después subsanados, pero no lo fue la completa falta de pruebas para someter a proceso a Augusto Pinochet. Nadie ha presentado ninguna evidencia que lo acredite como autor, cómplice o encubridor de algún delito.


Sin orden legal, Augusto Pinochet fue arrestado por la policía británica en una incursión nocturna y sorpresiva a una clínica, en los momentos inmediatos a una dolorosa intervención quirúrgica a que había sido sometido. Sus captores lo mantuvieron por varias horas innecesaria y arbitrariamente privado de sedantes y sufriendo intensos dolores, antes de permitir que se le renovaran las dosis.



Uno de los delitos que gratuitamente se le imputan ni siquiera ha existido ni ha sido cometido por persona alguna en Chile: el de genocidio. La palmaria falsedad de algunas imputaciones discurridas para hacer creer que existió, como la de que persiguió a los judíos o a la minoría mapuche, ha provocado el airado desmentido de los chilenos de la primera de dichas ascendencias y ha permitido recordar el público y colectivo agradecimiento que los elementos de la segunda etnia formularon al entonces Presidente Pinochet, al término de su mandato.


Pese a que el Convenio sobre Genocidio, invocado en el proceso, establece expresamente que el tribunal competente es el del lugar donde se cometió el delito, se le pretende juzgar en otros países.


Una norma milenaria dice que nadie puede ser castigado por una conducta que haya sido calificada como delito sólo con posterioridad a la comisión del hecho: “nullum crimen, nulla poena sine lege previae”, decía ya los romanos. En el caso de Augusto Pinochet se ha debido conferir retroactividad a la ley procesal española y al tratado sobre terrorismo, para poder juzgarle.


A tanto ha llegado el olvido de la juridicidad más elemental, que se le procesa como autor de “genocidio” por haber supuestamente perseguido a un grupo político, siendo que tal delito está tipificado como la persecución de un “grupo nacional, étnico, racial o religioso”, y no un grupo político, pues tal figura fue expresamente excluida del Convenio sobre Genocidio, a instancias de la Unión Soviética. Es decir, se ha incurrido en la aberración jurídica de aplicarle la ley penal por analogía, repudiada por una doctrina milenaria y por los tratadistas de todas las épocas.


El senador ilegalmente secuestrado en Londres ha sido denigrado mundialmente como autor de crímentes y delitos que jamás se ha acreditado que cometiera. No se ha respetado, pues, ni siquiera su derecho a la honra personal.


Peor aún, se le juzga por numerosos hechos respecto a los cuales ya existen sentencias judiciales ejecutoriadas en su país: se ha atropellado el principio jurídico fundamental de la “cosa juzgada”.


La defensa del actual senador ante la High Court y la Cámara de los Lores, en Londres, se fundó en su inmunidad como diplomático y ex Jefe de Estado. No entró a desvirtuar las acusaciones formuladas por la dupla Garcés-Garzón. Pero éstas, como sorprendentemente afirmó uno de los Law Lords, fueron consideradas como “un telón de fondo”, sin reparar en que se trataba de un conjunto de infundios sin respaldo alguno y respecto a los cuales ni siquiera se dio a la víctima de ellos la oportunidad de refutarlos. Sin embargo, en esa acusación sin pruebas un Law Lord basó el rechazo del hábeas corpus, que se perdió por un voto.


Más aún, otro voto decisivo en la Cámara de los Lores fue el de un juez implicado, por estar vinculado él personalmente, y también su cónyuge, a una entidad, Amnesty International, que se hizo parte en los alegatos, que está controlada por la izquierda internacional y se empeña en oponerse a la libertad de Augusto Pinochet. Ese Law Lord era juez y parte, pero mantuvo oculta esa circunstancia. Afortunadamente, el largo brazo de la verdad no lo dejó escapar…



En definitiva, los siguientes derechos humanos básicos de Augusto Pinochet han sido conculcados por las “justicias” británica y española, con la complicidad de los gobiernos de ambos países:


  1. A no ser privado de libertad sin una orden legal de arresto.

  2. A que no se le considere culpable de acusaciones sin ser oída su defensa en el marco de un debido proceso.

  3. A no recibir un trato inhumano o degradante.

  4. A ser juzgado por un tribunal previamente señalado en una ley.

  5. A no ser juzgado por leyes penales ex post facto.

  6. A no ser juzgado por un hecho que no esté establecido en la ley como delito.

  7. A que se respete su derecho al honor.

  8. A no ser juzgado en relación a materia acerca de las cuales ya hay cosa juzgada.

Un autor, Joseph Levine, ha escrito, parodiando a Lincoln: “Se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo, siempre que se disponga de un presupuesto suficientemente elevado”. La izquierda europea ha dispuesto de él y lo ha invertido en el “character assassination” de Augusto Pinochet.


Este libro, fundado en verdades comprobadas, pretende ser una defensa ante a las injustas acusaciones de que ha sido objeto. Está dedicado a quienes deseen conocer la verdad, pero muy en particular a esas personas moralmente íntegras e intelectualmente honestas, de las más diversas posturas ideológicas, que se niegan a condenar a alguien con el solo mérito de los dichos de sus adversarios y sin haberle dado la oportunidad de defenderse.


Hermógenes Pérez de Arce,

Santiago, Chile

26 de diciembre de 1998




Epílogo


Los mejores argumentos para acreditar la falta de base de la requisitoria Garcés-Garzón los ha proporcionado la propia “justicia” española. Leemos en “El Mercurio” de Santiago del 21 de noviembre de 1998 lo siguiente:

“En un auto notificado ayer, el juez de la Audiencia Nacional de Madrid Ismael Moreno decidió archivar la denuncia (contra Fidel Castro), al saber que los hechos descritos no se corresponden con los mencionados delitos (genocidio, terrorismo y torturas).


“En su escrito, Moreno señala que el régimen cubano no puede ser acusado de genocidio, pues pese a que en la denuncia se habla de 18 mil asesinatos en relación con la pena de muerte en la isla, no existió ‘intención de destruir total o parcialmente a un grupo’ y, por ende, no hay, para efectos legales, un delito tipificable como genocidio.

“Entiende que tampoco hubo un delito de terrorismo, puesto que ‘los gobernantes no pueden ser terroristas, ya que el terrorismo es subvertir el orden constituido’.


“Asimismo, rechaza que los hechos denunciados puedan ser catalogados como delitos de torturas, ya que los apaleamientos o maltratos con electro-shock descritos en la querella podrían ser considerados como ‘trato degradante’, pero no como tortura.


“Por último, Moreno hace hincapié en que en este caso es necesaria ‘la más elemental prudencia’, debido a la trascendencia que tendría la apertura de una investigación en la Audiencia Nacional contra un Jefe de Estado en activo”.


Todos esos argumentos, con la sola salvedad parcial del último, servirían también para archivar el requerimiento Garcés-Garzón contra Augusto Pinochet. Pero eso no sería “políticamente correcto”: Augusto Pinochet no es de izquierda.


El proceso en su contra no es un asunto judicial. Es una venganza política contra quien destruyó un mito marxista. La izquierda jamás podrá perdonarle haber sido el primero en sacar del poder a un régimen comunista; haber derrotado la guerrilla y el terrorismo de extrema izquierda y pacificado su país; haber fundado una economía libre y próspera y legado a sus conciudadanos un régimen de libertades garantizadas y una democracia estable, entregando el poder a su sucesor tras elecciones ejemplarmente limpias, bajo el lema “Misión Cumplida”.


El Chile que recibió Pinochet era una ruina de país, anarquizado, dividido, retrógrado y pobre. El Chile que legó es citado en todas las latitudes como ejemplo de progreso, prosperidad y estabilidad social. Como ha dicho el Presidente Clinton, “la joya más preciada de la corona latinoamericana”.


Y ese testimonio histórico es el que la izquierda procura destruir, condenando a su principal artífice mediante un juicio amañado.


Pero, tras y pese a este “indebido proceso”, y tal vez, a la larga, gracias a él, nada podrá acallar la verdad. La real figura de Augusto Pinochet como estadista, la consistencia de su obra, la enorme diferencia de magnitud entre las virtudes de ella y sus errores o defectos, terminarán siendo reconocidas.


La víctima de la mezquina conjura ocupará el lugar histórico que le corresponde, como precursor en una era que ha visto esfumarse uno a uno los mitos izquierdistas y consagrarse, primero en Chile y luego en todo el mundo, los cambios políticos, económicos y sociales más importantes de la segunda mitad del siglo XX.


OTRAS FOTOS DE LOS AÑOS DE ALLENDE


Manifestación contra el gobierno de Allende en 1972Manifestación en 1973 sobre un muerto y más de 500 personas detenidasDesperación en las filas del pan en 1973

Abastecimiento No; Violencia Sí (1970¾73)

De izq. a der.: Foto 1: Fila para comprar parafina. Foto 2: Funerales de carabinero asesinado por extremista de izquierda. Foto 3: Funcionario socialista abre a la fuerza comercio cerrado en protesta contra Allende. Foto 5: Durmiendo en las “colas” para comprar algo.


Los consumidores están exasperados bajo las políticas comunistas de Allende en 1973Matanzas de personas importantes espantadas bajo el gobierno de Allende en 1972Vínculos hecho con el URSS y otros grupos comunistas en 1973

El Drama de las Dueñas de Casa (1970¾73)

Fotos 1 y 2: Mujeres disputándose los alimentos en un supermercado desabastecido.


Grupos marxistas amenazen guerra civil o predicen que en inevitable en 1973Grupos extremistas (isquierdistas) atacan a la policia en 1973Manifestación de los alumnos universitarios en 1973

Más violencia bajo Allende (1970¾73)

Fotos de violencia y los políticos prediciendo una guerra civil en Chile.


Represión estatal y hambre en 1973Violencia marxista en 1973Racionamiento anunciado por el ministro de Allende en 1973

Violencia, hambre y racionamiento bajo Allende (1970¾73)

Fotos de personas con hambre, violencia izquierdista y anuncios del plan de racionamiento.



Fotocopia de documento recobrado de los archivos secretos soviéticos por Vladimir Bukovsky, científico que pasara años en los Gulag y fuera liberado en canje porel jefe comunista chileno, Luis Corvalán, en 1976. El documento fue entregado a Hermógenes Pérez de Arce en Santiago, el 11 de noviembre de 1999, por Vladimir Bukovsky. Su traducción,según la versión de este último es: 'Autorízase la ejecución adicional de 6.600 personas en Krasnoyarsk. (Firmado): José Stalin'. La traducción literal es 'primera categoría', en lugar de'ejecución', que era el término utilizado en las órdenes de fusilamiento del Partido Comunista de la época. El documento no tiene fecha.

Fotocopia de documento recobrado de los archivos secretos soviéticos por Vladimir Bukovsky, científico que pasara años en los Gulag y fuera liberado en canje por el jefe comunista chileno, Luis Corvalán, en 1976. El documento fue entregado a Hermógenes Pérez de Arce en Santiago, el 11 de noviembre de 1999, por Vladimir Bukovsky. Su traducción, según la versión de este último es: 'Autorízase la ejecución adicional de 6.600 personas en Krasnoyarsk. (Firmado): José Stalin'. La traducción literal es 'primera categoría', en lugar de 'ejecución', que era el término utilizado en las órdenes de fusilamiento del Partido Comunista de la época. El documento no tiene fecha.


Entrevista en El Mercurio con Vladimir Bukovsky


Entrevista en El Mercurio con Vladimir Bukovsky en noviembre de 1999